Por Eduardo Bocco. El complicado escenario que se le ha planteado a Ariel Lijo proyecta varias alternativas que pueden terminar, incluso, con un final disparatado: que el polémico y cuestionado abogado propuesto por el presidente Javier Milei para la Corte, renuncie a su postulación porque bajo determinadas circunstanciaspodría quedarse con las manos vacías.
Por miedo a perder todo en una mano de naipes, Lijo pidió licencia a su cargo de juez que sus jefes en la Justicia Federal le concedieron pero que después la Corte rechazó.
En el máximo tribunal quieren la renuncia, pero si el abogado lo hace, queda colgado de una palmera. ¿Por qué? Sencillamente porque si el plenario de la Cámara de Senadores se reúne después de su hipotética renuncia y rechaza el pliego para que se desempeñe como vocal de la Corte Suprema en comisión durante un año (todo el período legislativo 2025) perdería todo y quedaría en la calle.
La Corte no es improvisada. Conocida la salida obligada de Maqueda y las postulaciones del gobierno, el máximo tribunal instruyó a 10 secretarios letrados (cargo equivalente a un juez de primera instancia del juzgado federal), que trabajaron un año sobre el tema. Y se supone que concluyeron, en el marco de diferentes especulaciones, que los pedidos de licencia no son posibles.
Un peso pesado
Lijo sabía esto porque a su condición de hombre fuerte de los tribunales de Comodoro Py (en la Corte afirman, sin embargo, que ya no es lo que era), le suma contactos históricos en el máximo tribunal. Por eso, algunos analistas judiciales no descartan que, rápido de reflejos, está dispuesto, incluyo, a desplegar una estrategia más conservadora que lo lleve a rechazar la postulación para evitar que el Senado se haga un picnic con su figura.
Es que se presume que, en este momento de debilidad del Gobierno de Milei, el kirchnerismo se oponga tenazmente a la postulación y se pliegue toda la oposición, más algunos senadores vinculados con los partidos provinciales que habitualmente juegan a ser aliados del oficialismo.
Y que, si la pasa y logra la aprobación, le quede un año de mandato porque su gestión concluirá al finalizar el año legislativo.
¿Qué hará la vicepresidenta Victoria Villarruel? Nada, dicen fuentes del Senado, aunque algún operador desliza con cierta maldad: “Lo disfrutará en privado seguramente”. No se olvida la vice que, durante la transmisión de la última apertura de sesiones del Congreso, Karina Milei y Santiago Caputo mandaron “a cortarle la cabeza” en la transmisión de la cadena oficial. Una berretada, sin dudas.
Lijo, hay que recordarlo, fue impulsado por Milei, quien aceptó la propuesta que le hizo el vocal cortesano Ricardo Lorenzatti.
Lijo se encierra en su círculo íntimo y la Corte Suprema mantiene su hermetismo. Es probable que la próxima semana convoque al juez y le diga que, si quiere que el tribunal le tome juramento, antes deberá dimitir como magistrado de primera instancia en el fuero federal. En ese momento, se plantearía una situación de jaque al postulante presidencial y a partir de ese momento aparecen los distintos caminos que se le ofrecen al candidato. Uno de ellos es que acepte la derrota y rechace el ofrecimiento, pero otras fuentes parlamentarias ponen bajo un manto de duda toda esta situación, cada vez más parecida a una novela de intriga que cabalga sobre un hecho político
Por lo pronto, el otro vocal en pugna, García Mansilla, ya juró y actúa como un miembro más. Fue curiosa su llegada. Desde el tribunal le preguntaron a cuántas personas invitaría para su asunción y éste contestó: “Voy solo”. Después se supo que tiene sus familiares en Salta. Después vino otra interrogación de los empleados de protocolo: “¿Cuándo quiere que se haga la ceremonia de juramento?”. La respuesta los dejó fríos: “No sé, yo puedo llegar en 15 minutos”.
Obviamente no es el camino de Lijo, quien por ahora se encuentra en medio de una nebulosa. De momento, resta escribirse parte de la historia, pero no deberían descartarse los finales sorpresivos… o disparatados.








