El reciente acuerdo de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional y la expectativa de financiamiento asegurado para los próximos 18 meses configuran, según el analista Salvador Di Stéfano, un cambio de etapa económica. En su lectura, el país ingresa en un “nuevo año económico” marcado por menor volatilidad y mejores condiciones para invertir, en un contexto internacional que también comienza a alinearse.
El escenario global muestra señales de alivio. La normalización en el estrecho de Ormuz —clave para el comercio energético— empujó una baja en el precio del petróleo, que se ubica en torno a los 81 dólares por barril. Este movimiento podría frenar la presión sobre los combustibles y abrir un sendero de desaceleración inflacionaria a escala mundial. A eso se suman otros indicadores: tasas de los bonos del Tesoro estadounidense por debajo del 4,2%, un dólar más débil y mercados accionarios en máximos, factores que, según Di Stéfano, habilitan una nueva fase alcista en los activos financieros.
En el plano local, el analista destaca que la posibilidad de acceder a financiamiento externo reduciría la incertidumbre política y económica en un año electoral, evitando tensiones como las registradas en 2025. En paralelo, observa oportunidades en la deuda soberana: los bonos de corto plazo, como el AO27 y AO28, muestran rendimientos diferenciados que evidencian una brecha —del orden del 3,3% anual— que considera excesiva. “Argentina debería consolidar el compromiso de honrar su deuda como política de Estado”, sostiene.
El rol del Banco Central de la República Argentina también aparece como clave en esta etapa. La entidad avanza en una flexibilización de encajes para inyectar liquidez, mientras fija un corredor de tasas de entre 20% y 25% anual. En este esquema, los plazos fijos tenderían a rendimientos bajos en términos reales, en línea con una estrategia orientada a fomentar el crédito. A su vez, la inflación implícita a 12 meses —medida a partir de bonos— se ubicaría en torno al 27% anual.
Rotación de inversiones y nuevas oportunidades
En este contexto, Di Stéfano anticipa un cambio en las preferencias de los inversores. Las acciones petroleras, que lideraron en etapas previas, perderían protagonismo. Empresas como YPF o Vista Energy podrían quedar relegadas, mientras que sectores como energía eléctrica, gas y cemento asoman como nuevos focos de interés.
A nivel regional, Brasil aparece como una apuesta atractiva de cara a su ciclo electoral. La expectativa de políticas expansivas podría impulsar su mercado accionario, con instrumentos como el ETF EWZ como alternativa para canalizar inversiones.
En tanto, el atraso cambiario en Argentina abre una ventana para posicionarse en activos externos. Las acciones tecnológicas de Estados Unidos —con gigantes como NVIDIA, Microsoft, Amazon, Google y Apple— lideran las subas recientes y, vía Cedears, se consolidan como opciones relevantes en carteras diversificadas.
Reservas, dólar y perspectivas
El fortalecimiento de reservas es otro de los pilares del escenario delineado por el analista. El Banco Central ya habría adquirido más de 6.000 millones de dólares, una dinámica que, de sostenerse, contribuiría a reducir el riesgo país —con proyección a perforar los 500 puntos— y a estabilizar el mercado cambiario.
Además, la combinación de liquidación de la cosecha, mayores ingresos fiscales y un eventual desembolso de 1.000 millones de dólares del FMI refuerza la expectativa de acumulación de reservas, que podrían acercarse a los 50.000 millones en el corto plazo.
En el plano internacional, Di Stéfano también señala que la baja del petróleo podría influir en la política monetaria estadounidense, en un contexto de transición en la Reserva Federal tras el final del mandato de Jerome Powell.
Un trimestre clave
Con estos elementos, el análisis concluye que Argentina transita un “trimestre de oro”, impulsado por el ingreso de divisas del agro y una mejora en las cuentas fiscales. El escenario proyectado combina mayor liquidez, superávit y acceso al crédito externo.
“Con este contexto local e internacional, no hay nada de qué preocuparse en el corto y mediano plazo”, resume Di Stéfano, en una mirada que apuesta a la consolidación de la estabilidad y a una nueva etapa de oportunidades para los inversores.








