La industria textil local muestra un cambio relevante en la dinámica de sus importaciones. Más allá del volumen total, los últimos datos reflejan una transformación en la composición del comercio exterior que enciende alertas dentro de la industria.
Desde la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) revelaron que «hoy, 8 de cada 10 máquinas textiles están paradas». La utilización de la capacidad instalada (UCI) mide la proporción utilizada, en términos porcentuales, de la capacidad productiva máxima de un sector. Según los últimos datos, la UCI del sector textil fue del 23,7%. La cifra revela el bajo nivel de utilización lo que implica que no se está aprovechando el potencial productivo del sector.
«Cuando eso ocurre, no solo se produce menos: también se desaprovechan recursos, se frena la actividad y se reduce el potencial de generar empleo», reforzaron.
Cambios en la composición
El detrás de escena de la problemática fue tratado en enero de 2026, cuando la institución publicó un informe acerca de la caída en las importaciones de insumos utilizados para la producción, en comparación con el mismo mes del año anterior.
Las materias primas retrocedieron un 54% en cantidad, mientras que los hilados cayeron un 61% y los tejidos un 32%. Estos se tratan de componentes esenciales para el proceso productivo, por lo que su descenso impacta de manera directa en la actividad local.
En paralelo, el comportamiento fue inverso en el segmento de productos terminados. Las importaciones de prendas crecieron un 129% en cantidad y un 91% en valor, consolidando el ingreso de mercadería lista para su comercialización.

Impacto en la industria local
El dato central no es solo cuánto se importa, sino qué tipo de productos están ingresando al país. «La diferencia es clave: los insumos textiles se integran a la cadena productiva nacional, mientras que las prendas terminadas no generan valor agregado interno», explican desde la FITA.
Este desplazamiento en la composición de las importaciones sugiere un cambio en la lógica del sector, donde pierde peso la producción local frente al avance de productos listos para la venta.
En ese contexto, la caída de insumos puede estar vinculada a una menor actividad industrial o a una retracción en las expectativas de producción, mientras que el crecimiento de prendas importadas refleja una mayor presión sobre el mercado interno.
Se trata de una doble tensión para el sector: menos herramientas para producir y más productos terminados compitiendo en góndola.
Desde FITA destacan que analizar la composición de las importaciones resulta clave para entender lo que ocurre en el sector. Importar no implica necesariamente lo mismo en todos los casos: puede tratarse de insumos que potencian la producción o de productos terminados que la reemplazan.








