Por Eduardo Bocco. El contundente triunfo de Guillermo de Rivas en la elección de intendente de la ciudad de Río Cuarto no sólo trajo sorpresa sino que aportó elementos novedosos que provocaron algunos movimientos fuertes en el mapa político. Una vez más, las encuestas no estuvieron acertadas porque salvo un sondeo interno realizado por un departamento del gobierno, casi nadie dijo que ganaba el dirigente justicialista, al que los habitantes del Imperio definen como “el más radical de los peronistas.
Ganó de Rivas, ganó el intendente de la ciudad del sur, Juan Manuel Llamosas y, por sobre todo, ganó el gobernador Martín Llaryora, quien jugó una carta brava en estos comicios, en los que se predecía paridad extrema y una más que probable derrota para el justicialismo.
Perdió Gonzalo Parodi y el radicalismo volvió a sufrir otra pesada derrota que lo deja bastante mal parado al diputado Rodrigo de Loredo, que en el último segmento de este proceso jugó fuerte para el aspirante de la UCR, que iba ganando, según las encuestas.
Volvió a pasar algo parecido a lo de Córdoba, cuando los sondeos decían que ganaba De Loredo, pero al final Daniel Passerini lo pasó por la banquina.
A la galería de los derrotados se suma Luis Juez, quien subió al tren de Parodi y suscribió una alianza. Ahora todos se hacen a un lado para evitar la exposición.

Todos al palco
Ganó Llaryora y se trepó al palco para festejar en la primera elección del año y en su primer test electoral. Respiró y se infló el pecho en medio de la aguda crisis que demora y le pone piedras en la rueda a su gestión. Este martes, el Gobierno cordobés no pudo evitar un paro docente que reclama mejores salarios.
Por eso el triunfo lo posiciona y lo deja bien parado ante el gobierno nacional, donde se ha convertido en un aliado casi incondicional para el presidente Javier Milei, aunque en la Casa Rosada no le terminan de creer y deslizan que sólo se trata de un apoyo “fugaz”.
Otros de los que tuvieron participación en la campaña de De Rivas fueron el ministro de Gobierno Manuel Calvo y especialmente el legislador Miguel Siciliano, jefe del bloque del PJ, que fue enviado a la ciudad del sur para recuperar terreno y redirigir el proyecto. Esto en los tiempos en los que las encuestas pronosticaban la derrota del peronismo.
Viva Brasil
Voceros libertarios recuerdan -¿con rencor?- que en medio de la tensión de Córdoba con el poder central en el verano pasado, algunos especialistas arrimaron al Centro Cívico un plan para acercar al gobierno cordobés con el presidente brasileño Lula da Silva, cosa que los “corre, ve y dile” del mandatario provincial ignoran pero seguramente negarán.
Es más llegaron a pergeñar un viaje de Llaryora a Brasil, pero todo quedó en la nada. Además, los vientos cambiaron y empezó a darse un inesperado acercamiento con el ocupante del sillón de Rivadavia. Sólo hay que recordar que en medio de la gresca verbal, Milei lo trató de traidor y el exintendente de San Francisco comenzó a caer en las encuestas provinciales. Entonces, luego de pensarlo con su entorno, decidió cambiar el enfoque. El proyecto ciertamente existió pero no terminó prosperando.
Con Schiaretti todo bien, pero…

Por otro lado, está la relación con Schiaretti, con quien se puede hacer una comparación importante en este proceso electoral riocuartense. Es una pinturita la relación del gobernador con su antecesor, trabajan en equipo y tratan de hacerlo en forma coordinada, pero en algún momento del día se miran de reojo… La desconfianza se traduce en muchos episodios que protagonizan dirigentes de segundas y terceras líneas que compitieron siempre.
Llaryora le puso el pecho a esta elección y Schiaretti tomó distancia y él mismo aclaró y fundamentó por qué lo hacía. En realidad, piensa que quien gobierna debe conducir y hacerse cargo de este tipo de actos.
En campaña, el exgobernador sólo participó a través de un video en el que apoyaba a De Rivas. Luego, el domingo a la noche, envió un mensaje en la red social X (antes Twitter), muy elogioso para De Rivas.
Lo cierto es que ahora Llaryora deberá seguir con la gestión, para la cual cuenta con escaso respaldo financiero, más allá de que con el presidente ahora todo ande bien y hayan cesado las hostilidades. Pero el poncho no aparece…
Nota de la Redacción: cuando decimos poncho, aludimos al dinero.








