El fin de semana largo por el Día de la Memoria dejó un movimiento turístico moderado pero extendido en todo el país, con más de un millón de viajeros que optaron por escapadas cortas, destinos cercanos y un consumo más cuidado. Según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), 1.012.000 turistas se movilizaron durante los cuatro días y generaron un impacto económico de $231.084 millones.
El informe destaca que, en un contexto económico desafiante, el turismo interno continúa adaptándose con nuevas dinámicas: viajes más breves, decisiones de último momento y una fuerte inclinación hacia experiencias culturales y gratuitas, en línea con las actividades conmemorativas por el 50° aniversario del 24 de marzo.
Más viajes, pero más cortos y austeros
En comparación con el mismo feriado de 2025, la cantidad de turistas creció un 48,8%, impulsada en parte por la extensión del fin de semana. Sin embargo, este mayor flujo no se tradujo en un incremento proporcional del gasto.
El desembolso promedio diario fue de $103.793, un 7% menor que en Carnaval y un 1,6% inferior —a precios reales— al del mismo feriado del año pasado. La caída se explica por un perfil de consumo más austero: menos gasto en recreación paga y mayor participación en actividades culturales gratuitas.
La estadía promedio también reflejó esta tendencia: fue de apenas 2,2 noches, un número bajo considerando que se trató de un fin de semana de cuatro días. Desde CAME señalaron que esto responde tanto a la elección de destinos cercanos como a las limitaciones laborales del lunes, que fue no laborable pero no feriado.
Escapadas de cercanía y viajes fragmentados
Uno de los rasgos distintivos del fin de semana fue la fragmentación de los viajes. Hubo turistas que aprovecharon los cuatro días completos, mientras que otros realizaron escapadas más cortas —de uno o dos días— o dividieron sus salidas en distintos momentos.
Este comportamiento, sumado al encarecimiento del combustible, favoreció el turismo de cercanía y generó una mayor dispersión territorial, sin los picos de ocupación típicos de otros fines de semana largos.
También influyó la proximidad de Semana Santa, que llevó a muchos viajeros a postergar viajes más largos.
Destinos elegidos y presencia internacional
Entre los destinos más elegidos se destacaron la Ciudad de Buenos Aires, San Carlos de Bariloche, Puerto Iguazú, Salta, Mendoza, Mar del Plata y Ushuaia, junto con localidades bonaerenses como Tigre, San Antonio de Areco y Tandil.
Un dato que sorprendió fue la presencia de turistas internacionales en varios puntos del país, incluso en un contexto de tipo de cambio desfavorable para el ingreso de visitantes extranjeros. Este flujo aportó dinamismo, especialmente en grandes centros urbanos y destinos consolidados.
Córdoba: actividad dispar y decisiones de último momento
En Córdoba, el desempeño fue heterogéneo y con niveles de arribos por debajo de lo esperado. Aun así, los principales destinos serranos concentraron la mayor actividad.
Los valles de Punilla, Calamuchita y Traslasierra fueron los más elegidos, con altos niveles de ocupación en localidades como Villa Carlos Paz y Santa Rosa de Calamuchita. También se destacó la región de Ansenuza, con Miramar de Ansenuza superando el 90% de ocupación.
En contraste, la ciudad de Córdoba registró niveles más moderados, en torno al 50%.
El informe subraya que la demanda mostró un comportamiento cauteloso, con decisiones de viaje tomadas sobre la fecha y estadías cortas. A pesar de ello, la provincia logró sostener el movimiento gracias a su oferta natural y urbana.
Un turismo que cambia de lógica
A nivel cualitativo, CAME advierte una transformación en el perfil del turista: menos enfocado en el consumo intensivo y más orientado a la experiencia. Las actividades culturales, los eventos conmemorativos y la vida gastronómica y nocturna fueron protagonistas en distintas ciudades.
En lo que va de 2026, ya se registraron dos fines de semana largos en los que viajaron 4.022.000 turistas, con un gasto total de $1.238.877 millones. Los datos reflejan un turismo activo, aunque condicionado por el contexto económico, que redefine hábitos y prioridades a la hora de viajar.








