El campo argentino, considerado históricamente uno de los pilares productivos del país, enfrenta un escenario de contradicciones. Por un lado, ostenta una eficiencia productiva reconocida a nivel global; por otro, lidia con políticas internas, como las retenciones, que lo obligan a operar con el freno de mano puesto. Así lo expresa Alberto Rodríguez, presidente de la Bolsa de Cereales de Córdoba, quien traza un diagnóstico claro y contundente: el principal obstáculo para que el agro libere su potencial no está en la naturaleza ni en el mercado internacional, sino en las reglas de juego internas.
“Tenemos un productor que, aún con el 33% de su soja retenida por el Estado, sigue siendo competitivo. Eso habla de su eficiencia. Lo que no tiene sentido es seguir castigando la exportación con impuestos que ningún país del mundo aplica de esta manera”, advierte Rodríguez.
“Los productores argentinos son resilientes. Si con todas estas trabas aún exportan, imaginemos lo que podrían hacer en un entorno más libre y predecible”, remarca Rodríguez.
El problema de las retenciones: “Una anormalidad global”
Los derechos de exportación (retenciones) se consolidan como el reclamo más urgente del sector. Rodríguez no duda en calificarlos como una “anomalía internacional” y una de las principales causas de pérdida de competitividad frente a países vecinos como Brasil y Paraguay.

Aunque reconoce que hubo avances recientes, como la eliminación de cupos de exportación y la baja temporal de las retenciones durante el primer semestre del año, critica la falta de sostenibilidad de estas medidas. “El superávit fiscal no se resintió con esa rebaja. Entonces, ¿por qué volver atrás? Es hora de empezar a caminar hacia la eliminación definitiva de los derechos”, plantea.
Importaciones y tecnología: modernizar para competir
La falta de acceso a tecnología de punta también aparece como un lastre importante. La necesidad de importar maquinaria agrícola usada y productos clave como agroquímicos es una constante en el campo argentino. Sin embargo, las restricciones a las importaciones impiden al sector modernizarse al ritmo de sus competidores.
“El productor argentino quiere producir más y mejor, pero muchas veces no puede por trabas burocráticas o arancelarias. Brasil está creciendo fuerte y nosotros seguimos con limitaciones para traer lo que necesitamos para competir”, dice Rodríguez.
Desconfianza estructural hacia el sistema financiero
Otro punto crítico que señala el titular de la Bolsa es la histórica distancia entre el productor y el sistema financiero. “El productor argentino, por cultura o experiencia, prefiere tener el grano a tener plata en el banco. No es un tema de avaricia, es de desconfianza. Después de tantas crisis, aprendió a no confiar”, resume.
Mientras los grandes productores pueden apalancarse y manejarse con herramientas financieras sofisticadas, los pequeños y medianos tienden a conservar sus granos como forma de ahorro. “A veces no venden ni cuando los precios son buenos, porque no saben qué hacer con el dinero si no pueden reinvertirlo de inmediato”, detalla.
Señales positivas y un pedido claro
Rodríguez valora algunas mejoras recientes, como la reducción de burocracia y la eliminación de cupos de exportación. Pero insiste en que no es suficiente. “No pedimos subsidios, ni protección. Solo pedimos que nos dejen trabajar. Que no nos sigan sacando lo que producimos. Si levantan el pie de encima, el campo puede ser uno de los grandes motores del crecimiento nacional”, concluye.





