El anuncio del gobierno de Javier Milei sobre la eliminación temporal de las retenciones a las exportaciones de granos y subproductos hasta el 31 de octubre generó una reacción positiva en el sector agropecuario.
La medida incluye a todos los granos y subproductos agropecuarios, como soja, maíz, trigo, cebada, sorgo y girasol. De esta forma, el gobierno busca aumentar la oferta de dólares en el mercado cambiario, en un contexto de alta volatilidad del tipo de cambio y caída de las reservas internacionales del Banco Central
Fabián Miles, productor y tesorero de la Sociedad Rural de Jesús María, calificó la medida como “una buena respuesta a un reclamo muy histórico” y destacó que representa una situación de “ganar-ganar” tanto para el gobierno como para los productores.
A corto plazo, según Miles, la quita de retenciones permitirá al sector acceder a liquidez clave para el inicio de la campaña 2025-2026 y al gobierno asegurar divisas en un contexto de volatilidad cambiaria. Sin embargo, el carácter temporal de la medida genera preocupación.

“El principal problema es la falta de previsibilidad, que es lo primero que el productor necesita para invertir”, explicó. La ventana limitada hasta fin de octubre puede provocar distorsiones, como perjuicios para quienes vendieron su producción antes del anuncio o un efecto de venta masiva y apresurada por parte de los productores.
El sector agropecuario mantiene una postura clara respecto al futuro de esta política: la quita de retenciones debería ser permanente. Miles subrayó que este tributo funciona como “un impuesto de facto” que afecta la inversión y la producción. “En medida que haya más previsibilidad en el sector, el sector va a responder”, afirmó, señalando que solo la certeza a largo plazo permitirá inversiones significativas.
Más allá de la eliminación de los derechos de exportación, el sector identifica otras necesidades urgentes, como la reducción de costos y de otros impuestos que impactan la rentabilidad, especialmente para productores alejados de los puertos y en economías regionales. “Hay zonas donde la combinación de precios internacionales y altos costos internos hace inviable producir”, advirtió.

Respecto al contexto político, Miles consideró que la medida no responde a un acto de desesperación, sino a la utilización de herramientas disponibles para reconocer al agro como un socio estratégico del país: “El gobierno busca generar divisas y tratar de llevar calma a la economía y al mercado”.
El humor del empresariado agropecuario se encuentra entre la expectativa y la incertidumbre. “Necesitamos previsibilidad para poder trabajar”, remarcó Miles, aunque aseguró que la disposición a invertir se mantiene si las políticas gubernamentales acompañan. “Medidas que acompañan al sector cambian el humor y pueden ser el catalizador para que el productor decida hacer inversiones que tenía paralizadas”, concluyó.





